En su discurso de aceptación del premio Nobel de literatura, Le Clézio hizo una larga lista de “aquellos escritores con quienes, o a veces contra quienes, he vivido”. En ella, mencionó a varios mexicanos, pero a cuento vienen dos en particular: Juan Rulfo, como novelista, cuentista y fotógrafo; y Luis González y González, como autor de Pueblo en vilo, historia monumental de su pueblo, San José de Gracia.
La mención de este último podría sorprender a muchos, pero para el francés, y lo comenta con mayor fruición en sus Tres entradas a México, estos dos autores nos ayudan a comprender el México moderno; Rulfo a través de la ficción, lo proclama inventor del realismo mágico. González y González, en contraposición, hace su aporte “arraigado en la realidad, realidad que tiene algo de eterno, ya que las guerras y las revoluciones pasan y no tienen efecto, el pueblo siendo el mismo, en su espesa verdad, en su rugosa realidad”.
Publicado el año pasado por Boniga Artigas en colaboración con instituciones francesas y mexicanas, Tres entradas a México casi permite reconstruir su visión del país a partir de tres estratos, el pasado prehispánico, el mestizaje colonial y la modernidad que se gesta desde una independencia a la que se suma el crisol de la revolución.
Tres ensayos abordan el trabajo y la vida de Sor Juana Inés de la Cruz, entre dos mundos; Juan Rulfo (el nombre en sí mismo trae todo el peso) y Don Luis, el hombre de la tierra. Quizás de este último, el menos reconocido, Le Clézio lo elige por una obra que “iba a cambiar el curso de la historia, esta antigua ciencia humana, al crear lo que se llamaría a partir de ahí “microhistoria”: este libro es Pueblo en vilo.” Para Le Clézio González y González más que un historiador o académico, “es un verdadero escritor, un poeta, un inventor.” Da forma literaria a la voz de su pueblo y lo eleva a una categoría universal. “Este gusto de Luis González por lo escrito, por la perfección literaria, o por la satisfacción de expresarse en la mejor forma, es su principal, su única motivación para describir y buscar la verdad”.
Su antiguo maestro en el Colegio de México y fundador del Colegio de Michoacán resuelve una de las grandes inquietudes del Nobel, es posible ser moderno sin perder las raíces de lo rural. Representa una alternativa a la idea misma de modernización como desarraigo; encarna aquello que Chéjov planteaba: se es universal narrando la historia de nuestra aldea.
A partir de tres personajes de la periferia, Le Clézio concibe esta reflexión tras casi seis décadas de experiencias mexicanas y nos invita a través de sus héroes a persistir en una forma de modernidad capaz de volver a unir pensamiento, tierra, memoria y comunidad. A la que también, entrelíneas, pide añadir una buena dosis de humildad.
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