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Soy aficionado de Tigres de hueso colorado. pero esta no es una columna deportiva. Tampoco es un escrito solo para regios.
No.
Esta es una columna aplicable a los negocios, la política y la vida.
Porque hoy vamos a hablar de Management.
Te propongo que, para que un equipo, empresa o hasta un movimiento político triunfe consistentemente (no de vez en cuando), por necesidad tienen que ser buenos los de arriba, los jefazos.
Imposible crear una dinastía ganadora si los que mandan viven errando.
Y sí, hoy usaré a Tigres como ejemplo y como anti-ejemplo.
Primero, como ejemplo.
Bajo el mando de Alejandro Rodríguez, a quien tengo el gran gusto de conocer personalmente, Tigres hizo las cosas muy bien.
Aquí te platiqué alguna vez que, tras romper en diciembre de 2011 la sequía de 29 años sin títulos, le llamé a Alejandro para felicitarlo.
Tras agradecerme, me dijo algo así: “Jorge, he estado leyendo y reflexionando sobre cómo se crea una dinastía”.
Una dinastía.
Alejandro no quería ganar un título, quería ganar consistentemente.
En diciembre de 2017, tras que Tigres ganara el campeonato a Rayados en su estadio (habiendo jugado 4 de 6 finales en 3 años y coronándose en tres diciembres seguidos), publiqué lo que a mi juicio era la fórmula de Alejandro para ganar consistentemente.
Ésta incluía claridad de objetivos, contratar bien, disciplina y trabajo, privilegiar vestidor y equipo, reforzar lo que funciona y quitar lo que no, continuidad, marketing y relación con el cliente. Y claro, también suerte.
Ah, y que no se me olvide, falta lo más importante: liderazgo efectivo y delegación. Si el entrenador es Tuca, él maneja el equipo. Si el que traía jugadores era Miguel Ángel Garza, él y Tuca deciden.
Arriba se selecciona a los colaboradores principales, se dan lineamientos generales y se mantiene el rumbo. Pero no se decide todo. Ni el más picudo de los picudos sabe de todo y todo el tiempo.
¿Y hoy?
Hoy es el anti-ejemplo. Hoy los de arriba no dan pie con bola. Hoy Tigres crea una anti-dinastía, se empeña en destruir lo construido.
Simplemente contrasta esto:

  • Tuca fue entrenador 11 años, ganando 5 ligas, una Conca, una Copa, 3 Campeón de Campeones y dos subcampeonatos internacionales (Libertadores y Mundial de Clubes).
  • En los 5 años desde que salió Tuca, Tigres lleva 8 técnicos (sí, 8) y apenas ha ganado un campeonato, y la neta, medio de chiripazo.
    Pero no solo eso, la manera en la que la actual administración ha despedido a algunos técnicos es de no creerse:
  • En dos torneos, Siboldi ganó un campeonato y un subcampeonato, y se le liquidó con rumores y versiones nunca confirmadas.
  • A Pauno lo corrieron los jugadores cuando Tigres estaba en tercer lugar de la tabla general.
  • Y bueno, lo de Pizarro es increíble: jugó dos finales que perdieron en muerte súbita de penales en apenas 5 meses. ¿y les renuncia?
    Ah, y a Milagros Martínez, entrenadora de las Amazonas, también la corrieron a 3 semanas de iniciar un torneo.
    Pésimo.
    Suma a esto muy malas contrataciones, un pésimo manejo del retiro de los jugadores de época y, bueno, la arrogante y contraproducente medida del año pasado para castigar a sus clientes más leales, los abonados: o vas al 70% de los partidos o te quito tu abono (seguro ahora sí la van a quitar, Tigres es hoy un desastre).
    ¿Quién tiene la culpa de todo esto?
    Quien administra al equipo.
    Sorry, pero la culpa la tiene Cemex.
    La culpa la tiene la constante en este relajo: el Management.
    Casualmente, Alejandro Rodríguez sale de Tigres en el 2018 y el representante de Cemex para supervisar al equipo empieza a pesar más.
    Por supuesto, no es casualmente. Es causalmente.
    Causa y efecto.
    Si te equivocas arriba, te equivocas abajo.
    ¿Cambiarán las cosas con Vucetich?
    Capacidad la tiene y de sobra.
    La duda, perdón por ser reiterativo, estará más arriba.
    Regreso al inicio: en los negocios, la política y los deportes, imposible crear una dinastía si los de arriba son malos.
    Cuando eso pasa, tarde o temprano pierdes por goleada.
    Posdata. 1 hora y 20 de los “grandes éxitos” de AMLO: mentiras y datos alternativos. Aburridísimo. La ironía es que pasará a la historia como un terrible presidente. Va a trascender, pero para mal. Para muy mal.
    En pocas palabras.
    “Estúpido es lo que estúpido hace”.
    Forrest Gump.
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