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¡Qué hermosa tradición se ha hecho con esta costumbre nuestra!

Yo recuerdo que de chica, en mi natal Distrito Federal, lo más que llegué a ver eran las calaveritas de azúcar que mis papás nos daban a escoger en la panadería adonde íbamos. Apenas se empezaba a escuchar que en EUA celebraban algo llamado “Halloween”. ¡Ah, eso sí, escribíamos “calaveritas”, esos poemas satíricos, en la escuela, en la casa y salían en el periódico sobre los políticos y artistas!

Llegando a León, como que la gente iba a visitar los panteones, a limpiar las tumbas, a poner flores… algunos llevaban platillos y otros, hasta música… pero creo que, poco a poco, se iba perdiendo la tradición.

Estudiando para educadora en el Instituto América, nos enseñaron los significados de los diferentes elementos de los altares, pero más como una parte de nuestra historia… como algo que valía la pena recordar, porque ya se estaba olvidando, y no solo eso, sino que se estaba sustituyendo por el Halloween.

Recién casada, mi comadre Grace Sánchez nos invitó a su pueblo en la Huasteca Potosina… ¡cuál sería mi sorpresa al ver toda una serie de costumbres bellísimas y muy vivas, que formaban parte de nuestro querido México y que yo desconocía! Cabe decir que eso fue hace 41 años, así que para llegar a su pueblito, Tampacán, teníamos que pasar el coche a través del río por medio de un “chalán” (balsa o embarcación de fondo plano usada para transportar personas o carga) jalado a mano humana con unos palos largos que se apoyaban en unos cables de acero; todavía los domingos bajaban todas las personas de las comunidades de alrededor, y la mayoría hablaba náhuatl.

Fue la primera vez que vi que el día primero de noviembre se festejaba a los niños difuntos; armaban unos altares hermosos, con una como red enfrente hecha de flores de cempasúchil y en la que colgaban dulces, creyendo que cuando la red se movía, era porque el ánima de algún niño había venido a tomarlos. También hacían un caminito desde la calle hasta donde estaba el altar, con los pétalos del cempasúchil, para que las almas supieran a dónde dirigirse: allí ponían las fotos de sus seres queridos, los platillos que les gustaban y les rezaban, ¡muy lindo, de verdad! Tan lindo que yo, desde entonces, trataba de replicar aquellos bellos altares y de inculcarles a mis hijas esa bella tradición.

Pero el Halloween nos estaba ganando terreno, porque, la verdad, no deja de ser divertido disfrazarse e ir a pedir dulces. Aun así, yo, al repartir los dulces a los niños de nuestra colonia, les enseñaba mi pequeño altar y les platicaba su significado… aunque fuera la “mamá rara”. Gracias a Dios, ya las escuelas empezaban también a ponerlos y les pedían a los alumnos su cooperación para armarlos, así como algunas instituciones oficiales hicieron eco de esta, nuestra costumbre.

De repente, vino la película de 007, “Spectre”, de 2015, con Daniel Craig, en la que, en la secuencia inicial, James Bond persigue a un villano en medio de un enorme desfile de Día de Muertos en el centro de la CDMX. Un desfile que no existía, que era una ficción creada por Hollywood; pero la escena tuvo tanto impacto que las autoridades mexicanas, encabezadas por Miguel Ángel Mancera (político independiente), decidieron crear el desfile realmente a partir de 2016. ¡Qué idea tan genial!

Y para terminar de impulsar esta increíble y ancestral tradición nuestra, en 2017, Disney estrenó a nivel mundial la película “Coco”, donde enaltece nuestro folclore dándole importancia y actualizándolo de tal manera que yo pienso que la gran fuerza que ha tomado hoy en día es gracias a esa gran conjunción de modernidad, historia, costumbre y simpatía que tiene la película.

¡Es impresionante ver el cambio de cultura en relación con el Día de Muertos que yo viví de pequeña, al que se vive ahora! Ahora, por todos lados puede uno ver concursos de catrinas, desfiles, fiestas, altares, reels, publicaciones, videos… ¡cuánto tiempo nos ha llevado llegar a valorar nuestras costumbres y tradiciones! ¡Pero lo importante es que ya lo logramos! ¡Nuestros hijos y nietos conocen la usanza ancestral y se sienten muy orgullos de ella! ¡A nivel mundial es conocida y tenemos miles de turistas de todo el mundo que desde un año antes reservan sus lugares en los diferentes estados de nuestro país donde se expone esta bellísima tradición!

Yo, desde que mis hijas eran chiquitas, las llevaba a la Feria del Alfeñique que se puso primero en la Casa de la Cultura (1985) de aquí de León, y ya luego se cambió a la Plaza Fundadores (1997)… ahora llevamos a nuestros nietos. ¡Qué sorpresa me llevé, al investigar para escribir mi artículo, de que la primera Feria del Alfeñique fue en Toluca, en 1932! ¡Y más aún que los primeros registros artesanales para hacer estos dulces datan de 1630! ¡Wow! ¡Cuánta historia tenemos y que desconocemos!

Así que, queridos lectores, ¡a poner nuestros altares! ¡A disfrazarnos de catrinas o catrines! ¡A conocer y disfrutar esta hermosa parte de nuestra identidad e historia!

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