“Que tu alimento sea tu medicina”
Seguramente a usted también le ha llegado un video de alguien con bata blanca que promete bajar 10 kilos en un mes con unas gotas, un té o “el Ozempic natural”. Quien lo comparte no es ingenuo; suele llevar años peleando con la báscula y la culpa. Esa columna une tres textos que leí esta semana.
1) La mayor amenaza evitable del siglo. La Comisión de The Lancet sobre amenazas globales a la salud del siglo XXI, publicada en octubre, revisó 17 grandes riesgos hasta el año 2100: pandemias, cambio climático, guerras, incluso el mal uso de la inteligencia artificial. Su hallazgo sorprende: la carga de enfermedad más grande que podríamos evitar con buenas políticas públicas es la obesidad, entendida como el trío de exceso de peso, mala alimentación y poca actividad física. Hablamos de 23 mil millones de años de vida saludable en juego; para ponerlo en perspectiva, la COVID-19 costó alrededor de 500 millones de vidas.
La Comisión proyecta que, si nada cambia, en 2050 el 60% de los adultos del mundo y casi un tercio de los niños y adolescentes vivirán con sobrepeso u obesidad. Y reconoce con franqueza que las políticas para frenarla, hasta hoy, han fracasado, en parte por la enorme influencia de la industria de alimentos y bebidas sobre la regulación.
En casa no estamos mejor. Según la ENSANUT Continua 2023, tres de cada cuatro adultos guanajuatenses viven con sobrepeso u obesidad, al igual que uno de cada tres niños en edad escolar y más de un tercio de los adolescentes. Detrás de esas cifras hay diabetes, infartos, riñones que fallan y embarazos de riesgo.
2) No es falta de voluntad. La monografía “Obesidad: un enfoque epidemiológico” ayuda a entender por qué. La obesidad crece en entornos que cambiaron más rápido que nuestra biología: comida barata y densa en calorías, jornadas largas, desplazamientos en transporte público, colonias sin parques seguros, inseguridad alimentaria. Una dieta puede ser nutricionalmente perfecta y, al mismo tiempo, imposible de pagar o preparar.
Por eso el texto insiste en algo que suscribo como médico: el estigma no previene nada. Regañar no cura. La pregunta útil en el consultorio es otra: “¿Qué cambio es viable con su ingreso, su horario, su vivienda y su acceso a alimentos?” Piense en la trabajadora del calzado que sale de madrugada y regresa de noche: necesita opciones, no sermones.
Los nuevos medicamentos logran, en ensayos clínicos, reducciones de peso de entre 15% y 21%. Pero la Comisión advierte que, aun si la mitad de las personas que los necesitan tuviera acceso, el gran cambio seguiría dependiendo del entorno. Tampoco hay soluciones mágicas en la política fiscal: los impuestos a las bebidas azucaradas reducen sus ventas en cerca del 15% y el paquete chileno de etiquetado redujo las compras de productos “altos en”, pero comprar menos no siempre significa comer mejor. Las medidas deben evaluarse por sus resultados en salud, no por sus intenciones.
3) El consultorio ahora está en TikTok. El tercer texto, publicado en The BMJ, pregunta si los médicos debemos estar en redes sociales. En Estados Unidos, más de uno de cada cinco adultos ha tomado decisiones de salud según lo que vio al respecto, aunque el 78% cree que esa información suele ser falsa o engañosa. Unos colegas sostienen que debemos estar ahí para poner orden en el ruido; otros advierten que es un campo minado. Coinciden en lo esencial: hablar solo de lo que dominamos, declarar conflictos de interés, no dar consejos individuales sin consulta y rechazar patrocinios de suplementos milagro.
La obesidad es tierra fértil para la desinformación: medicamentos falsificados, tés “quemagrasa” y promesas sin respaldo científico. The Lancet lo dice claro: la confianza no es un adorno, sino una condición de gobierno. Sin ella, ninguna política de salud funciona.
¿Qué podemos hacer? Propongo tres frentes. Primero, cambiar el entorno: escuelas con agua potable, calles y parques seguros para caminar, alimentos frescos al alcance del bolsillo. Segundo, tratar la obesidad como enfermedad crónica, sin estigmatizarla, con acceso a atención médica y a tratamientos supervisados, y con vigilancia estricta contra los productos falsificados. Tercero, ocupar las redes con evidencia: invito a colegios médicos, universidades y profesionales de la salud de Guanajuato a contar la verdad con la misma creatividad con la que otros venden mentiras.
Y a usted, querido lector: antes de comprar un milagro, pregúntele a su médico. Nadie elige vivir con obesidad. Cambiemos el entorno, no culpemos a la persona.