La renovación del aeropuerto de la Ciudad de México no parece seguir los designios de un arquitecto sino de un maquillista de cadáveres. El problema viene de tiempo atrás. Desde 1931 tenemos un proyecto de aeropuerto, abierto al futuro, es decir, inacabado. No se pensó que la expansión urbana rodearía las pistas, convirtiéndolas en calles bastante céntricas.
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