Historia 435
Esta es la historia 435 de 450 que te contaremos sobre León
En los siete templos de Barrio Arriba se celebran alrededor de 22 festividades religiosas a lo largo del año, algunas con tradiciones que han pasado de generación en generación.
Desde la bendición de los panecitos de San Nicolás Tolentino hasta el viacrucis del Calvario, las celebraciones forman parte de la identidad de uno de los barrios más antiguos de León.
A estas expresiones se suma la presencia de criptas en distintos recintos religiosos, donde descansan los restos de numerosos habitantes de esta parte de la ciudad.
Cada templo tiene su propia historia, un santo patrono y festividades que reúnen a los fieles.
El Señor de la Salud, símbolo de fe en los orígenes del barrio
La historia del templo del Señor de la Salud está estrechamente vinculada con los orígenes del Barrio Arriba, cuyo establecimiento se remonta al 27 de febrero de 1598, tras la expulsión de los mulatos de la Villa de León hacia la zona norte.
Entre la población surgió la devoción al Señor de la Salud, una imagen de Cristo crucificado que, según la tradición, el beato Sebastián de Aparicio entregó a una familia del barrio durante su paso por la Villa de León rumbo a Zacatecas.
La imagen es una escultura de bulto, colocada sobre una cruz de madera de 83 centímetros. Su rostro expresa agonía y está labrado con relieves y cubierto de metal cromado. Los clavos originales fueron cambiados por unos con cabeza dorada.

Una fecha importante para los feligreses, que marcó el inicio de una tradición de fe, fue el 18 de enero de 1686, cuando Andrés de Nájera solicitó autorización para celebrar misa en una capilla construida con adobes, techo de vigas de madera y un altar con la imagen de Cristo crucificado.
En respuesta, el 5 de febrero de ese año, el obispo de Valladolid, Michoacán, Juan de Ortega Montañés, autorizó la bendición de la capilla y la celebración de misas. Así surgió el primer espacio de culto dedicado al Señor de la Salud, cuya devoción se consolidó entre los habitantes de la comunidad.
Posteriormente, al vencer la licencia para celebrar misas, la comunidad continuó impulsando el desarrollo del recinto. Entre el 8 de septiembre de 1850 y el 30 de diciembre de 1852 se realizaron trabajos de reconstrucción.
Décadas después, en 1871, la capilla fue elevada a vicaría fija del Sagrario, con lo que adquirió una nueva categoría eclesiástica.
Un nuevo templo
Una nueva etapa comenzó el 9 de julio de 1903, cuando el padre Romualdo Donato derribó la antigua capilla y promovió la construcción de un templo nuevo. Ese mismo día, el obispo Leopoldo Ruiz y Flores bendijo y colocó la primera piedra. Tras la muerte del padre Donato, en 1913, el padre Fermín Aguilera Martínez continuó los trabajos.
El 29 de julio de 1923, el obispo Emeterio Valverde y Téllez declaró parroquia al templo del Señor de la Salud y nombró a Fermín Aguilera Martínez como su primer párroco.
Uno de los episodios más relevantes para la comunidad ocurrió durante la Guerra Cristera, cuando la iglesia cerró sus puertas en 1926 y reanudó las celebraciones religiosas el 9 de julio de 1929. La construcción continuó durante las décadas siguientes; una de sus torres gemelas quedó concluida en 1946 y años más tarde se terminó la segunda.
En la actualidad, la imagen del Señor de la Salud continúa siendo el centro de la vida religiosa de la comunidad. Su festividad principal se celebra el primer domingo de julio, precedida por un novenario en el que las imágenes peregrinas visitan los hogares de los feligreses, acompañadas de rosarios, misas y procesiones.
El Calvario
Los orígenes del templo del Calvario se remontan a 1856, en la cima de una colina conocida como el cerro de la Mancerería, también llamado Meserería o Cruz del Barrio. Su construcción fue impulsada por el presbítero Prudencio Castro, quien falleció el 4 de abril de 1885 sin ver concluida la obra.
Siete días después, el padre José María de Yermo y Parres, hoy santo, asumió la responsabilidad del templo e impulsó una importante labor de asistencia social.
El 13 de diciembre de 1885, con el apoyo del doctor Rosendo Gutiérrez de Velasco, fundó el Asilo del Sagrado Corazón de Jesús para atender a huérfanos y personas en situación de pobreza. También estableció la Congregación de las Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres.

Durante la inundación de León en 1888, las instalaciones del asilo sirvieron de refugio para personas afectadas por la catástrofe.
El templo conserva diversas reliquias veneradas por los fieles, entre ellas las atribuidas a san José María de Yermo y Parres, santa Gema y santa Apolonia. También resguarda una custodia con una astilla atribuida a la cruz de Cristo, cuya autenticidad, según la tradición del recinto, está respaldada por un documento pontificio.
Entre sus principales celebraciones destacan la fiesta del Señor del Calvario, el tercer domingo de julio; el Día de la Santa Cruz, el 3 de mayo, cuando se venera la reliquia y se realiza una procesión; y la festividad de san José María de Yermo y Parres, el domingo más próximo al 19 de septiembre.
Una de sus tradiciones más representativas es el viacrucis de Semana Santa.
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San Nicolás Tolentino
El templo de San Nicolás Tolentino es escenario de una de las tradiciones religiosas más populares de Barrio Arriba: la fiesta de los panecitos, que cuenta con alrededor de 70 años de historia.
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La construcción de este templo dedicado a San Nicolás comenzó el 8 de enero de 1801 y terminó el 7 de diciembre de 1848. Décadas después, permaneció cerrado durante ocho meses por reparaciones y reabrió el 1 de septiembre de 1896, cuando fue bendecido para dar inicio al novenario de ese mes.
Entre sus características destacan los relieves realizados por el escultor Carlos Terrés, que presentan escenas de la vida de Jesús, así como la entrega de los Diez Mandamientos a Moisés. También incluyen representaciones relacionadas con una crítica al sistema socialista y al muro de Berlín.
San Nicolás de Tolentino (1245-1305) fue un religioso agustino que practicó ayunos y mortificaciones por la conversión de los pecadores, la salvación del mundo y las almas.
Según la tradición religiosa, cuando estuvo gravemente enfermo, se le apareció la Virgen y le pidió confiar en la voluntad de Dios y alimentarse únicamente de pan y agua. Posteriormente, cuando los enfermos acudían a él, les recomendaba orar y consumir pan y agua benditos.

La Iglesia establece que, durante su fiesta, el 10 de septiembre, se bendigan pan y agua. El pan debe ser sin endulzantes, para que se pueda conservar durante todo el año y ser consumido por los enfermos, mojado en agua.
Esta celebración es una de las que más devotos atrae al barrio y se distingue por la bendición de una variedad de panes dulces en miniatura.
San Francisco de Paula
La historia del templo de San Francisco de Paula se remonta a 1828, cuando Matiana Cruz donó los terrenos y recursos económicos para su construcción. Además de ser propietaria de la imagen del santo, contó con el apoyo del presbítero Francisco Miranda, fundador de la Santa Escuela de Mujeres, para impulsar este espacio de culto.
El templo fue bendecido el 7 de marzo de 1829. Décadas más tarde, en 1873, el presbítero Pablo de Anda Padilla realizó trabajos para construir las bóvedas del recinto, que reabrió sus puertas el 21 de abril de 1885.
El recinto también forma parte de la historia religiosa de León por un hecho ocurrido el 21 de abril de 1931, cuando fue objeto de un robo sacrílego. Actualmente, resguarda una reliquia de segundo grado de San Francisco de Paula, vinculada con la tradición de veneración al santo.
San Francisco de Paula nació en Italia en el siglo XV y fundó la Orden de los Mínimos. De acuerdo con la tradición, sus padres, que no podían tener hijos, se encomendaron a San Francisco de Asís; por ello, decidieron darle su nombre.
Su vida también está relacionada con la historia de la monarquía francesa, pues en 1483 acudió a Francia por petición del rey Luis XI. Por su influencia en la vida de gobernantes y figuras de poder, se le reconoce como patrono de gobernantes y funcionarios.

¿Cuándo se celebra a San Francisco de Paula?
Su festividad se celebra generalmente en abril, aunque la fecha puede variar según el calendario litúrgico. Entre sus devotos existe una tradición conocida como las trecenas, que consiste en dedicar trece viernes de oración previos a su fiesta. Esta práctica es especialmente significativa para quienes piden su intercesión para tener hijos o agradecen algún favor recibido.
El templo permanece abierto por las tardes, como un espacio de oración y encuentro para quienes mantienen viva la devoción a San Francisco de Paula.
Santo Niño Perdido
La historia del templo del Santo Niño Perdido está relacionada con un sacrilegio ocurrido la noche del 30 de diciembre de 1852, que dio origen a una devoción que permanece viva hasta nuestros días.
De acuerdo con los registros históricos, Facundo Esparza sustrajo los vasos sagrados, un copón de hostias y la custodia de la capilla del Señor de la Salud. Los enterró en un basurero ubicado a las afueras del barrio.
Los feligreses se organizaron y lograron recuperar los objetos religiosos. A raíz de este episodio, se impulsó la construcción de una capilla dedicada al Santo Niño Perdido.
Para levantar la capilla, José Manuel Díaz y María de la Luz Torres cedieron el terreno. Los trabajos comenzaron en octubre de 1856 y concluyeron con la bendición del recinto, el 5 de agosto de 1859.
Sus primeros años
En sus primeros años, la capilla tenía un techo sencillo, aunque decorado. Tiempo después, el presbítero Agustín Larrinúa, quien fue su segundo capellán, emprendió una reconstrucción integral.
La intervención incluyó la renovación de los muros, la construcción de bóvedas y una cúpula. Así como la instalación de un nuevo altar, coro y atrio. También se mejoraron la decoración y el pavimento, que fue recubierto con mosaico.

Con el tiempo, surgió una tradición que reúne a los creyentes cada 6 de enero para la bendición del Agua de los Reyes. Esta ceremonia recuerda el hallazgo de los objetos religiosos y se realizaba en una pila ubicada en un pequeño patio anexo a la capilla. Ahí, el sacerdote bendecía el agua mientras largas filas de personas acudían para llevarla a sus hogares.
Actualmente, la celebración religiosa comienza con un novenario el 28 de diciembre y culmina el 6 de enero, cuando se bendicen imágenes del Niño Dios, agua y sal. La comunidad también conmemora a María Niña, el 8 de septiembre, y a los Fieles Difuntos, el 2 de noviembre.
San José de Gracia
El templo dedicado a San José tiene sus raíces en la asistencia social y la vida religiosa de la comunidad. Su construcción se atribuye al presbítero Miguel Barajas. Abrió sus puertas a los feligreses en 1877, aunque los trabajos concluyeron hasta 1885.
En 1903, el templo amplió su función con la incorporación del establecimiento de beneficencia de la Sagrada Familia, donde se recibía a niños huérfanos y se impartían clases tanto a menores como a adultos. Años después, sus instalaciones fueron ocupadas durante algún tiempo por la Acción Católica del Barrio.
Una nueva etapa comenzó el 29 de octubre de 1946, cuando el padre Marceliano Ruiz fundó la Casa Refugio del Obrerito de San José, dedicada a la atención infantil. Con el paso de los años, esta institución se transformó en la Casa del Niño Don Bosco, que actualmente es atendida por los padres salesianos en la ex hacienda de Santa Rosa.
En la actualidad, el inmueble mantiene su función comunitaria mediante espacios destinados a Cáritas y salones de catequesis, además de actividades como talleres de autoayuda, teatro y activación física.
La celebración anual en honor a San José también reúne a vecinos y devotos. Durante la noche de la víspera se organiza una callejoneada acompañada por una banda. Hay estaciones en las calles aledañas donde se reflexiona sobre la vida del santo.

El 19 de marzo, día de su festividad, se interpretan cantos dedicados a San José, así como música clásica y religiosa. La jornada concluye con una comida fraterna en la que los vecinos comparten los alimentos con quienes acuden a la celebración.
Jesús Nazareno
Una de las tradiciones más representativas del templo de Jesús Nazareno es la celebración del encuentro de Jesús resucitado con María Magdalena. Antiguamente las flores rojas eran protagonistas.
La licencia para la construcción de este templo fue expedida el 1 de agosto de 1873. La primera piedra se colocó el 29 del mismo mes, por iniciativa del párroco Victoriano Alemán. Años más tarde, el 18 de febrero de 1880, el recinto obtuvo autorización para celebrar misa diariamente.
Jueves de las Amapolas
En su interior se venera una imagen de tamaño natural de Jesús Nazareno, flagelado y vestido con una túnica púrpura. Sin embargo, entre las costumbres que dieron identidad a este espacio destaca una celebración conocida como los “Jueves de las Amapolas”, realizada el jueves posterior al Domingo de Resurrección.
Durante esta festividad se representa el encuentro de Jesús resucitado con María Magdalena. Mientras los vecinos acudían con manojos de amapolas para venderlos a los devotos.
La presencia de estas flores convirtió la celebración en una tradición característica del barrio. Era común cultivarlas en los patios de las viviendas e incluso en el jardín Allende.
Las amapolas, reconocibles por sus flores de color rojo escarlata y sus cuatro pétalos delicados, llegaron a formar parte del paisaje cotidiano de los habitantes. No obstante, con el paso del tiempo, la costumbre de llevarlas a la celebración comenzó a desaparecer debido a la creencia equivocada de que de estas flores se obtenía el opio.

Cambian costumbre
Esta transformación modificó una de las costumbres más características de la festividad. Con los años incorporó otros elementos para conservar su sentido religioso y comunitario.
En la actualidad, la celebración continúa con una misa solemne, música y pirotecnia. Los fieles llevan flores de temporada como símbolo de la belleza del jardín del Edén, en una ceremonia que mantiene vivo el vínculo entre la fe, la memoria y las costumbres populares del Barrio Arriba.
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