Suiza.-Tras una serie de intervenciones intensas por parte de diversos mandatarios en el Foro Económico Mundial de Davos, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció el avance de un acuerdo con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, relacionado con las tensiones derivadas de su insistencia sobre Groenlandia.
Tras una reunión muy productiva que he mantenido con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, hemos establecido el marco de un futuro acuerdo con respecto a Groenlandia y, de hecho, a toda la región ártica. Esta solución, si se lleva a cabo, será muy beneficiosa para los Estados Unidos de América y para todos los países de la OTAN”, afirmó Trump en Truth Social.
Si bien en su discurso descartó el uso de la fuerza militar estadounidense, el mandatario estableció una postura clara respecto a sus aspiraciones de incorporar Groenlandia al territorio de Estados Unidos.
Esta declaración ha reavivado el debate sobre los intereses geopolíticos en el Ártico y plantea interrogantes fundamentales sobre su posterior desarrollo.
A continuación se desglosan los motivos de este interés, la búsqueda histórica, su relevancia actual y sus implicaciones.
Historia de Groenlandia
Groenlandia, territorio qué geográficamente pertenece al continente americano, es la isla más grande del mundo después de Australia.
Aunque forma parte de América del Norte desde el punto de vista geográfico; su política, historia y gran parte de su cultura han estado vinculadas a Europa durante siglos.
La relación histórica entre Groenlandia y Dinamarca es perceptible desde el primer contacto europeo documentado entre los años 900 y 930 d.C. cuando el navegante Gunnbjörn Úlf-Krakuson avistó las costas groenlandesas.
Sin embargo, sería Erik el Rojo quien, en el año 985, estableció las primeras colonias permanentes en la costa sur de la isla.
Erik bautizó el territorio como “Groenland” (Tierra Verde), considerando que un nombre atractivo motivaría a más personas a establecerse allí.
Las comunidades que se erigieron mantuvieron vínculos políticos, económicos y religiosos con Dinamarca.
Reflejado en la introducción del cristianismo y la creación de un obispado dependiente a la iglesia Dinamarca.
Es por ello que para el año 1261, las colonias nórdicas aceptaron la soberanía del reino de Copenhague. Uniéndose posteriormente también a Noruega tras la unión de las dos coronas.
Tras la disolución de la unión en 1814, Dinamarca retuvo Groenlandia como territorio propio, estatus que se mantiene hasta la actualidad con un régimen de autonomía ampliada.
El interés histórico estadounidense por la isla
El interés de Washington no es reciente, con la retórica expansionista de “América para los americanos” establecida por la Doctrina Monroe; en 1867, el mismo año de la compra de Alaska al imperio ruso, el entonces secretario de Estado William H. Seward sugirió a la corona danesa la posibilidad de comprar la isla; propuesta que sería rechazada.
Para Washington, el control de dicha extensión territorial representaba un territorio clave para la protección del continente americano y, por ende, de sus intereses ante posibles competidores externos.
Esta visión estratégica se materializó en 1940, cuando la Alemania Nazi ocupó Dinamarca. Ante esta amenaza, Washington desplegó sus tropas en la isla para convertirla en una base estratégica y anticiparse a una posible ocupación nazi de Groenlandia.
Finalizada la Segunda Guerra Mundial, Dinamarca esperaba recuperar el control pleno de Groenlandia. Sin embargo, con el inicio de la Guerra Fría, Estados Unidos mostró un interés aún mayor en mantener y ampliar su presencia en la isla.

De acuerdo a especialistas como Jorge Rojas, analista del mundo armamentístico y militar. Groenlandia fue clave durante el conflicto con la URSS por su ubicación. Al estar justo en medio de las dos potencias, servía como una base ideal para controlar el paso entre América del Norte, Europa y la zona ártica.
El dominio de este territorio garantizaba a Estados Unidos una posición central en el Atlántico Norte y una ventaja decisiva para la vigilancia aérea, el control de rutas marítimas y la detección temprana de misiles balísticos soviéticos a través del Ártico” Describió en su vídeo análisis sobre Groenlandia .
Este valor estratégico quedó evidenciado cuando en 1946 el presidente Harry S. Truman ofreció oficialmente comprar la isla a Dinamarca por unos 100 millones de dólares en lingotes de oro, una cifra que hoy equivaldría a más de 1,000 millones de dólares.
Ante el rechazo danés, Estados Unidos optó por otra vía: el establecimiento de fuerzas y bases militares en el territorio.
Durante la Guerra Fría, Washington desplegó decenas de instalaciones en Groenlandia; desde pistas de aterrizaje hasta centros de alerta temprana todos conectados al escudo continental.
Sin embargo, cuando la Unión Soviética se desmoronó en diciembre de 1991, el interés estadounidense se enfrió. Sin un enemigo de ese calibre, cerraron o redujeron la mayoría de estas instalaciones.
El valor estratégico actual
Para Washington actualmente su valor ya no solo representa una zona estratégica en el enclave norteamericano. Debido al deshielo creciente y la reducción del Ártico, se está abriendo una ruta marítima clave para el comercio euroasiático; conocida como el Paso del Noroeste.
Este corredor marítimo permitiría disminuir la distancia hasta en 7,000 kilómetros comparado con rutas convencionales como la del Canal de Panamá, acortando los tiempos de travesía entre 18 y 22 días.
Como ilustración; de acuerdo con el análisis logístico del Port de Barcelona, un buque de carga que viaje desde Shanghái hasta Rotterdam cubriría aproximadamente 19,450 kilómetros utilizando el Canal de Suez, en contraste con los 15,740 kilómetros por la Ruta del Mar del Norte, o los 16,110 kilómetros por el pasaje del norte canadiense.
En la actualidad, esta vía es navegable únicamente durante cortos intervalos anuales, debido a las condiciones climáticas adversas y al movimiento del hielo marino.
Sin embargo, los científicos proyectan que con el calentamiento global acelerado y los avances tecnológicos, el paso podría pronto estar abierto al tránsito cada verano.

Por otro lado, el retroceso del hielo también ha permitido identificar recursos minerales estratégicos en el territorio de Groenlandia.
Los cálculos indican que Groenlandia alberga alrededor de 36 millones de toneladas de tierras raras. Sin embargo, actualmente únicamente 1.5 millones de toneladas están catalogadas como reservas comprobadas y rentables desde el punto de vista económico.
De acuerdo al Servicio Geológico de Estados Unidos, si Groenlandia fuera considerada como una nación soberana, sería el séptimo país a nivel mundial en cuanto a reservas de estos elementos esenciales para la industria tecnológica contemporánea.
El interés de la administración Trump de estos recursos es perceptible desde su primer mandato.
Durante 2019, Trump suscribió un acuerdo de entendimiento con Groenlandia para realizar exploraciones conjuntas del territorio e intercambiar experticia científica y técnica orientada al desarrollo de dichos recursos.
No obstante, este acuerdo está cercano a su vencimiento y los intentos de renovación durante el mandato de Biden no prosperaron.
Con el retorno de Trump a la Casa Blanca, su administración parece explorar nuevas vías para acceder a las tierras raras groenlandesas.
En junio de 2025, el Banco de Exportación e Importación estadounidense remitió una carta de interés a Critical Metals Corp respecto a un financiamiento de 120 millones de dólares para la mina Tanbreez.
Si se concreta, constituiría la primera inversión extranjera considerable de la nueva gestión en un emprendimiento minero.
Interés Chino
Estados Unidos no es la única nación con aspiraciones de incrementar su presencia en Groenlandia.
En 2018, China presentó su estrategia ártica, denominada también Ruta de la Seda Polar, declarándose controvertidamente como un “Estado Próximo al Ártico”.
A lo largo de los últimos siete años, China ha procurado fortalecer su presencia mediante misiones de exploración científica, financiamiento de infraestructura y compra de recursos naturales.
Conforme a la mayoría de los indicadores, esta estrategia no ha logrado consolidarse, puesto que los proyectos significativos permanecen detenidos por motivos de seguridad. Aun así, el dominio global de China en la extracción y refinamiento de tierras raras la posiciona como un posible colaborador minero en Groenlandia.
Por ejemplo, la compañía china Shenghe Resources ya figura como el segundo mayor inversionista de la mina Kvanefjeld.
Shenghe estableció un acuerdo de entendimiento en 2018 para encabezar el procesamiento y la distribución comercial de los materiales obtenidos del yacimiento.
Asimismo, la empresa estatal China Communications Construction fue seleccionada preliminarmente para edificar y expandir una infraestructura aeroportuaria en Nuuk, Ilulissat y Qaqortoq.
El emprendimiento se estima que demandaría una inversión cercana a los 550 millones de dólares, lo que representa el 17% del PIB groenlandés, que en 2023 alcanzó los 3,300 millones de dólares, según datos de Alliance For Securing Democracy.
Interés Ruso
China no es el único interesado, para Rusia el Ártico constituye la segunda prioridad en la agenda internacional, únicamente por debajo de Ucrania y las naciones postsoviéticas.
Putin elevó la importancia de esta región desde 2023, destinando recursos considerables incluso en medio del conflicto bélico.
Para Moscú, dominar el Ártico equivale a asegurar su permanencia como potencia global. Esta zona alberga el 80% de sus yacimientos de gas y el 17% de sus reservas petroleras, recursos que aportan el 20% de su PIB nacional.
El propio mandatario ruso lo ha dejado ver en declaraciones:
El porvenir del país se encuentra aquí, en el Ártico. Aquí existe logística, capacidad productiva, riquezas minerales. Debemos desarrollar estos territorios”, afirmó Putin.

La presencia rusa se ha intensificado considerablemente.
De acuerdo al Center for Strategic and International Studies, Moscú a rehabilitado más de 50 instalaciones militares soviéticas desde 2014 y posicionó siete submarinos equipados con misiles balísticos en la zona.
Además, las actividades militares se triplicaron entre 2021 y 2023, incorporando los mayores ejercicios navales en décadas con participación china inaugural.
Problemáticas que presenta
Romper la dependencia de China en el suministro global de tierras raras se ha convertido en una prioridad estratégica para la administración Trump, especialmente después de que Pekín restringiera drásticamente el acceso a estos minerales críticos en respuesta a los aranceles estadounidenses impuestos la primavera pasada.
Washington ha canalizado cientos de millones de dólares hacia empresas del sector e incluso ha adquirido participaciones directas en varias de ellas.
En este contexto, el mandatario estadounidense ha resucitado la idea de que obtener el control de Groenlandia podría resolver de un golpe este desafío estratégico.
No obstante, la realidad sobre el terreno contrasta notablemente con la retórica política.
Aprovechar los yacimientos minerales groenlandeses implica enfrentar obstáculos estructurales, climáticos y legales que convierten cualquier proyecto extractivo en una empresa extremadamente costosa y arriesgada.

(La imagen es de un video de AP, crédito: Kwiyeon Ha)
Fuera de sus principales núcleos urbanos, Groenlandia carece de infraestructura terrestre no existen carreteras ni ferrocarriles que conecten el territorio.
Simon Jowitt, director del Ralph J. Roberts Center for Research and Economic Geology de la Universidad de Nevada, señaló a BBC News que la geografía dominada por hielo, montañas y fiordos impide el uso de vehículos convencionales, complicando todo el proceso desde la exploración hasta la exportación.
El clima ártico agrava esta situación con temperaturas extremas y largos inviernos que reducen drásticamente las ventanas operativas, mientras que el transporte marítimo depende de condiciones impredecibles del hielo marino.
Asimismo, el procesamiento de tierras raras presenta desafíos técnicos adicionales.
Kathryn Goodenough, geóloga principal del British Geological Survey, explica que estos minerales aparecen integrados en estructuras complejas que demandan procesos químicos costosos y ambientalmente delicados.
Muchos depósitos contienen uranio en asociación estrecha, multiplicando los riesgos regulatorios hasta el punto de paralizar proyectos antes de iniciar operaciones.
Estos factores técnicos, climáticos y regulatorios representan obstáculos significativos para cualquier proyecto de extracción minera en Groenlandia, independientemente de los acuerdos políticos o inversiones que se realicen en el territorio.