Decía Vicente Riva Palacio: “Aquellos liberales del 57 eran tan grandes que parecían gigantes”. Entre ellos, Benito Juárez se erigió como el más grande, un símbolo venerado por los liberales y satanizado por los conservadores. Tal era el odio que estos le profesaban, que se cuenta que el primer obispo de León, Diez de Sollano y Dávalos, aseguraba haber visto su alma caer en el infierno.

Para que el paradigma liberal del siglo XIX pudiera consolidarse, la separación entre el Estado y la Iglesia era una condición sine qua non. Este deslinde fue el motor de la Guerra de Reforma, un conflicto que enfrentó a liberales y conservadores en una lucha encarnizada por el rumbo de la nación. A la fecha, esa rivalidad sigue marcando la agenda nacional, con la inclusión de la izquierda progresista y liberal…

Los conservadores defendían la fe sobre la razón, la jerarquía sobre la igualdad y los valores colectivos frente al individualismo, la tradición sobre el cambio. Para ellos, la ley de Dios estaba por encima de la Constitución y el cambio era sinónimo de amenaza. En su visión, una élite rica y educada por derecho de nacimiento debía gobernar, asegurando los privilegios de la jerarquía católica.

Las Leyes de Reforma de 1857 fueron el detonante de una cruenta guerra civil.  Estas leyes abolieron el fuero militar y eclesiástico, establecieron el matrimonio como un contrato civil que protegía a la mujer, pusieron fin al monopolio clerical sobre los cementerios y expropiaron, mediante compensación, los bienes de la Iglesia, que representaban el 75% de la propiedad inmobiliaria del país. Probablemente, esta última medida fue el punto de dolor de la contienda fratricida. Además, la separación entre Iglesia y Estado y la educación laica completaban el proyecto liberal.

Paradójicamente, fue en Guanajuato, actual bastión conservador durante más de treinta años, donde se selló el triunfo liberal en Silao de la Victoria, permitiendo que Juárez restableciera su gobierno en la CDMX. Guanajuato es la cuna de dos corrientes ideológicas antagónicas: el liberalismo mexicano de José María Luis Mora y el conservadurismo de Lucas Alamán.

El pensamiento liberal fue el gran legado de Juárez. En el mundo, el liberalismo  que demolió los pilares del “Ancien Régime”, un sistema basado en la monarquía, la nobleza y el clero. Dicho régimen condenaba a los hombres a nacer siervos o nobles y a morir en la misma condición, sin posibilidad de movilidad social. La nobleza era un privilegio de cuna, mientras que la dignidad y los derechos fundamentales de las personas carecían de reconocimiento.

Por otro lado, el liberalismo pugnaba por el cambió contra el orden inmutable; el progreso contra la conservación; los derechos naturales del ciudadano contra la opresión del poder; el significado laico de la alegría de vivir contra el miedo a la trasgresión de lo sagrado; la razón contra el dogma; la fraternidad contra el servilismo…

En la actualidad, la libertad de conciencia es nuestro bien más preciado. Todo ciudadano tiene el derecho de ser quien es, de creer o no creer, de casarse o permanecer soltero, decidir sobre su cuerpo y de esculpir su vida según sus propias convicciones, sin imposiciones morales del clero, o de ningún gobierno.

No obstante, la sociedad libre siempre ha tenido enemigos. Sectores y organizaciones oscurantistas continúan conspirando contra las libertades. Recordemos en Guanajuato, a los tristemente célebres yunquistas Juan Manuel Oliva y Elías Villegas. Este último platicaba que había sufrido en vigilia esperando la señal del Espíritu Santo para decidir por Oliva gobernador. ¡Qué error del Altísimo! Con ese falso misticismo pontificaban el nacimiento de la “Nueva Jerusalén en  Guanajuato, el Reino de Dios en la Tierra”. Todo era una farsa para engañar incautos. 

El filósofo Karl Popper advertía que gentes como esas disfrazan sus verdaderas intenciones con pretextos edificantes. En nombre de Dios, de la moral, de la justicia, se han cometido las peores barbaries de la historia, sacrificando la libertad en el altar de sus oscuros intereses.

Los restos de Juárez yacen en el Panteón de San Fernando, CDMX; su legado, que da luz a la libertad de conciencia, sigue en la memoria de los mexicanos, pero  es una batalla inacabada… La libertad es la fuerza que da vida a cualquier aspiración del ser humano.

450 Historias de León

Acompáñanos en un recorrido por la historia de León. Recibe en tu correo relatos sobre personajes, barrios, tradiciones y momentos clave, que celebran la identidad leonesa, en el marco de los 450 años de nuestra ciudad.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *