Pocos seres humanos en la historia de la humanidad han acumulado tanto poder como Donald Trump. Esto le ha permitido usar el poderío tecnológico y económico que tienen todavía los Estados Unidos sobre la faz de la Tierra, como un gran imperio en contra de los más débiles, cambiando equilibrios. Aquí en lo local, Claudia Sheinbaum ha tenido que dar un cambio al enfoque de López Obrador en su complacencia con el crimen organizado; lo tenía que hacer frente a la presión norteamericana, tanto en el fondo como en la forma. No solo por convicción lo habrá hecho, sino también, por la enorme presión que tiene del vecino del Norte, para que, por fin, el Estado mexicano responda frente al poder del mal.
Por eso, Claudia tiene al interior un compromiso enorme con su partido para mantener una narrativa nacionalista y de soberanía, pero por otro, tiene la presión norteamericana en la renegociación del T-MEC, el tratado económico de América del Norte, que es fundamental para la actividad económica de nuestro País, pues la no renovación implicaría prácticamente condenarnos a la recesión económica, cuando en el 2025 apenas crecimos 0.5% en el PIB.
Adicionalmente la situación del petróleo mexicano y de la quebrada Pemex, que por décadas ha dado ayuda a la isla, le mete una presión adicional a nuestra Presidenta, pues Trump anunció el jueves, aranceles radicales a quien se atreva a ayudar al régimen cubano. En esta columna he compartido por décadas mis viajes a Cuba, constatando el enorme deterioro de la calidad de vida de los cubanos, debida no solo al bloqueo económico norteamericano, sino en mi opinión, también al modelo económico que inhibe la creatividad y la innovación, provocando -al igual que Venezuela- un éxodo masivo de sus mejores talentos.
Por eso, no es fácil la encrucijada que tiene nuestra Presidenta frente a este escenario. El ala más radical de Morena quiere una defensa nacionalista para enfrentar al imperio, en tanto que los sectores moderados de sus aliados y sobre todo de las clases medias y el sector empresarial mexicano, que desean pragmáticamente, ceder a las presiones norteamericanas, aceptando incluso, una intervención militar para que acaben con los cárteles. En los últimos dos meses se han publicado encuestas a nivel nacional, en donde una franja de 50% a 60% la población mexicana aceptaría una posible intervención norteamericana para acabar con los cárteles mexicanos (abriendo la alternativa de respuesta a cinco preguntas, escasamente los que se oponen a la intervención, se ubican entre 20% y 25%. Y esto comienza a reflejar la impotencia de la ciudadanía para acabar con décadas de inseguridad en nuestra vida diaria. En cuanto a la postura de México frente a la problemática de Cuba, también las encuestas nacionales son contundentes, en cuanto a estar de acuerdo en apoyar en general al pueblo cubano en una franja de 70 a 75% y sin embargo entre 60% y 65% no están de acuerdo en el envío gratuito de petróleo, sabiendo la crisis económica que enfrenta la paraestatal.
Por ello, ante la cercana negociación del tratado de libre comercio de América del Norte y la presión de los Estados Unidos para cortar las ayudas de países que ayudan a Cuba, forman un escenario complejo para nuestra Presidenta como se reflejó esta semana en las “mañaneras”, pues Claudia tiene cada vez más, dificultad para responder frente a las realidades que le vencen. Aunque en la narrativa, ella se mantendrá con posiciones de defensa de la soberanía, los hechos en la práctica comienzan a demostrar lo contrario y particularmente en el cambio de estrategia del gobierno federal -que a diferencia del sexenio anterior- comienza ya a usar el poder del Estado para que las fuerzas armadas y la Secretaría de Seguridad Pública federal ataquen a los carteles mexicanos.
Son tiempos difíciles para el País, pues la economía se encuentra estancada y la confianza de inversionistas y consumidores resienten la incertidumbre. Y todo esto en el año previo a las elecciones y a lo que será una inminente reforma electoral que regresará a las manos de un solo partido político el control total de la vida nacional. Aún con todo el respaldo ciudadano que tiene la Presidenta, no debe ser fácil enfrentar contextos tan complejos como el de estos días, que le generan grandes dilemas.