El jueves pasado en X, Matt Shumer, un experto programador en IA, publicó un texto que se viralizó y alcanzó más de 82 millones de vistas. El propósito era difundir la idea de que “algo grande está sucediendo”, algo tan grave, o incluso más grave, que la pandemia de COVID-19 de 2020. Las últimas versiones de Claude 4.6 y ChatGPT 5.3 podían crear mejor código que él y que la mayoría de los programadores. Shumer sintió que tenía el deber de comunicar, en un lenguaje comprensible, lo que eso implicaba.

Por primera vez, tomé su ejemplo y pedí a ChatGPT 5.2 Pro que escribiera un artículo (ensayo) de 550 palabras sobre la nueva ley que reduce el horario laboral a 40 horas semanales. El robot tardó 20 minutos en preparar una respuesta coherente, fundamentada y rica en datos. Primero buscó en múltiples fuentes, como diarios, el INEGI y datos gubernamentales. Lo que a cualquiera le habría tomado muchas horas para investigar, redactar y revisar, a ChatGPT le llevó 20 minutos. El documento fue exacto, redactado con limpieza y, al final, se tomó la gracia de incluir una metáfora.

Luego vino algo interesante: puse el ensayo en el programa Grammarly, un corrector de ortografía y sintaxis que también revisa, entre millones de documentos, si hay plagio o si está redactado por un bot. De inmediato detectó que el autor no era humano y subrayó todo el texto. 

La tesis de Shumer es que en poco tiempo las plataformas de IA podrán suplir todas las labores que realizamos frente a una computadora. La última versión de ChatGPT, la 5.3, fue desarrollada a partir de la anterior. Una máquina que supera su desarrollo previo. Los cambios no se dan por años ni por meses. Cada semana hay algo nuevo y la aceleración indica que no estamos lejos de la inteligencia artificial general. Los últimos modelos muestran una mayor competencia en ciencias e investigación que la de los científicos más preparados. 

Los sentimientos son encontrados: la humanidad corre desenfrenada hacia la creación más relevante de la historia, mientras se da el pánico de que la IA se convierta en un disruptor del empleo, de los conflictos bélicos y de otras calamidades. El lado luminoso es también impresionante. En dos años comenzará la cura para la mayoría de las enfermedades crónicas, como lo pronostica Demis Hassabis, líder de la IA en Google y premio Nobel de Química en 2024. 

Con todos los defectos y variaciones naturales de las columnas escritas por humanos, creo que hay un espacio de tiempo para seguir con esa tarea cotidiana de catarsis y descubrimiento. Lo que podemos hacer es usar esa IA para contrastar ideas y dialogar con alguien más inteligente que la inmensa mayoría de los mortales. Una herramienta formidable para el trabajo intelectual. 

El ensayo que redactó ChatGPT 5.2 Pro sobre la jornada reducida a 40 horas en México podría repetirse en 4 años. En 2030 podríamos establecer 36 horas o menos para no generar desempleo, sobre todo en las áreas donde no se requiere fuerza física ni destreza manual, donde el trabajo intelectual de la mayoría de los profesionistas sea suplido por una inteligencia superior que puede trabajar 168 horas a la semana sin parar. 

Todos los expertos en IA gritan al cielo por la intervención de los gobiernos, que avanzan demasiado despacio en las nuevas reglas que deberán regir la convivencia humana con las máquinas y los robots. 

450 Historias de León

Acompáñanos en un recorrido por la historia de León. Recibe en tu correo relatos sobre personajes, barrios, tradiciones y momentos clave, que celebran la identidad leonesa, en el marco de los 450 años de nuestra ciudad.