Por fin el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum acepta explorar y explotar la riqueza petrolera del país en las formaciones de esquisto. Hay petróleo y gas de esquisto cerca de los estados fronterizos de Texas y Nuevo México. En Estados Unidos, la explotación de esta tecnología lo salvó de la dependencia del petróleo de Medio Oriente y lo convirtió en el principal productor del mundo. Tan solo Texas produce unos 6 millones de barriles diarios; la mayor parte proviene del “fracking”. 

Aquí, por prejuicios ecologistas y por ignorancia, dejamos esas reservas sin aprovechar, mientras Pemex está en bancarrota e importamos miles de millones de dólares de gas para alimentar nuestras plantas termoeléctricas. 

Argentina también cambió con la llegada de Javier Milei, quien abrió de nuevo la puerta a la inversión extranjera en la explotación petrolera. Después del desastre económico del peronismo, el presidente invitó a las petroleras multinacionales a explotar sus reservas en la zona de Vaca Muerta. Se cree que son las mayores reservas de petróleo y de gas de esquisto del mundo. Bueno, siempre en Argentina se exageran las cosas. 

Nosotros tenemos la cuenca de Burgos, adyacente a la Eagle Ford, que podría impulsar la inversión pública y privada para generar miles de empleos, como ha sucedido en Texas, el estado con la mayor prosperidad de Estados Unidos. Allá también hubo quejas de los ambientalistas por la gran cantidad de agua necesaria para romper las formaciones que albergan los hidrocarburos, por la contaminación química y por la generación de microsismos. Todo eso son males menores y  pueden mitigarse  

Para México  ha sido muy difícil romper con creencias nacionalistas enraizadas desde la nacionalización del petróleo. Nos gobiernan mitos creados desde la Revolución. El reparto agrario fue uno de los cimientos del PRI hasta que llegó Carlos Salinas de Gortari y terminó con las leyes ejidales. Eso generó gran riqueza y recuperación del campo. Lo que no hemos podido es dejar de creer que la producción de electricidad y de petróleo debe ser responsabilidad primaria del Estado. 

Según reportes técnicos, la cuenca de Burgos tiene grandes reservas de gas (343 billones de pies cúbicos) y 6.3 mil millones de barriles de petróleo que de nada sirven a la nación, guardados en el subsuelo. Ante la necesidad de rescatar Pemex, el gobierno debe abrir todas las puertas a la inversión privada, venga de donde venga. 

Venezuela atraerá mucho capital de las petroleras y elevará sus exportaciones al doble en dos o tres años. También regresarán las empresas que el gobierno expropió al sector privado. El país sudamericano volverá a la senda del crecimiento y la prosperidad al decir adiós al socialismo tropical. Lo veremos más pronto cuando se restablezca la libertad y las elecciones. Lo mismo sucederá con Cuba. 

Nuestro México crecería al doble o al triple si nos olvidamos de las ideas de gente como Marx Arriaga  y la izquierda radical, esa que se opone a la mejora genética del maíz, la explotación de nuestra riqueza por medio del fracking y a la libertad económica, la que trae prosperidad a los países desarrollados. 

Entrar al fracking significa abrir un camino para que Pemex salga de la quiebra técnica en la que se encuentra. Tan sólo incorporar reservas de la cuenca de Burgos por 6.3 mil millones de barriles de petróleo y 343 billones de pies cúbicos de gas, arreglaría el balance de la paraestatal. Saldría a flote.

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