Ante los atropellos del presidente Trump, hay que hacer escenarios sobre lo peor que puede suceder.
Sería ocioso considerar una nueva Expedición Punitiva, como la del general Pershing en 1916, contra Francisco Villa. Las incursiones de los narcos mexicanos en los Estados Unidos no pueden compararse con el asalto y destrucción de Columbus, Nuevo México, que hizo Villa y provocaron la Expedición. Columbus tenía entonces unos 350 habitantes y otros tantos efectivos de un regimiento federal de caballería. El general Pershing fue a Columbus, cruzó la frontera y persiguió a Villa con 10,000 soldados. Después de once meses sin lograr capturarlo, las presiones políticas y diplomáticas sobre Washington lo obligaron a desistir.
Hoy, una expedición semejante sería un proyecto descartado de antemano.
En el mismo caso está un bloqueo naval de Cuba, como el que impuso el presidente Kennedy en 1962, para impedir la instalación de misiles soviéticos en la isla. Hoy, un bloqueo para impedir que llegue ayuda humanitaria no parece viable. Y, para impedir que llegue petróleo, se volvió innecesario, porque ya lo consiguió; primero con Venezuela (que era el proveedor importante) y luego con México.
Un atropello con menor costo político y diplomático sería secuestrar a Andrés Manuel López Obrador, de manera rápida y “quirúrgica”, sin anunciarlo ni reconocerlo después, como se hizo con El Mayo Zambada.
El gobierno mexicano protestaría enérgicamente, sin llegar a romper relaciones con los Estados Unidos, poque no tendría pruebas para denunciarlo ante la onu, menos aún ante la Corte Internacional de Justicia.
Pero no todos en Morena verían con malos ojos el secuestro. El aspirantismo (o suspirantismo, como decía Daniel Cosío Villegas) hacia las elecciones presidenciales del domingo 2 de junio de 2030 está en marcha, aunque más o menos bajo el control de la presidenta Sheinbaum y, sobre todo, del expresidente López Obrador. Pero, sin la presencia del Jefe Máximo de Morena, el cuadro cambiaría. Habría un reacomodo de fuerzas y una creación de oportunidades para muchos morenistas.
No para las figuras menores, como Adán Augusto López Hernández, Layda Sansores, Andrés Manuel López Beltrán o Samuel García, que llegaron a ser figuras menores por sus desfiguros. Sino para las figuras relevantes, como Sheinbaum, Harfuch, Ebrard y Monreal.
Ricardo Monreal Ávila tiene un perfil puramente político y parlamentario, aunque fue gobernador de Zacatecas y estuvo un par de años a cargo de la delegación Cuauhtémoc, que dejó para sumarse al movimiento de López Obrador. Ha estado desde entonces con él, pero con regateos, más que sumisión absoluta. Se beneficiaría con la ausencia de AMLO y buscaría nuevas alianzas.
Marcelo Ebrard tiene buen cartel en Morena, el país y el extranjero. Es visto como funcionario sólido, inteligente, capaz y con muchas tablas internacionales. La ausencia de López Obrador no lo afectaría para bien ni para mal. Trataría de mantenerse presente, como un buen presidenciable para 2030.
La presidenta Claudia Sheinbaum, sí se beneficiaría con la ausencia de AMLO. Tendría la oportunidad de asumir el papel del presidente Cárdenas frente al expresidente Calles, “Jefe Máximo de la Revolución”. Tendría más libertad para destacar en el resto del sexenio y para imponer sucesor. Su carta fuerte es Harfuch, que ha sido su secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, desde que fue Jefa de la Ciudad de México.
Omar García Harfuch empezó a sobresalir desde entonces, por su eficacia en el combate al crimen organizado. No tiene grado militar, aunque es hijo y nieto de generales importantes en los tiempos del pri. Es un civil con grados académicos: licenciado en derecho con maestría en administración pública. Tomó después cursos especializados en inteligencia y seguridad en Harvard, Quantico, Colombia y España.
El 26 de junio de 2020, en la Ciudad de México, sufrió un atentado espectacular del Cártel Jalisco Nueva Generación, que lo dejó herido, pero también consagrado como líder del combate a los narcos.
Harfuch tiene prestigio entre sus colegas de los círculos internacionales. También en la gran prensa mundial. The New York Times y The Economist le han dedicado semblanzas elogiosas. Otra condecoración: No lo quiere López Obrador.