“Existen 3 grandes seducciones que afectan a gobiernos y fuerzas armadas estadounidenses.

La primera es la idea de la acción encubierta. Llega un nuevo Presidente y la comunidad de inteligencia le dice: ‘podemos lograr algo grande y será encubierto. Nadie sabrá jamás quién lo hizo y el resultado será positivo’. Y, luego, nunca se mantiene encubierto y rara vez funciona.

Es seductor porque parece una solución fácil a un problema complejo.

La segunda seducción es la incursión quirúrgica de Operaciones Especiales.

Probablemente, el ejemplo más representativo sea la operación contra Maduro. Aunque demostramos una competencia extraordinaria esa noche, no demostramos en absoluto capacidad de cambiar la situación sobre el terreno. No cambió mucho.

Lo que nos lleva a la tercera gran seducción: el poder aéreo. A todos nos encanta. En la Segunda Guerra Mundial entramos en la guerra con la teoría de Douhet: que el poder aéreo, el bombardero, siempre lograría penetrar la defensa y, por lo tanto, sería dominante.

Sin duda, contribuyó enormemente, pero nunca fue dominante”.

Sabias palabras de alguien que sí sabe, Stanley A. McChrystal, uno de los más afamados generales de Estados Unidos, que por cierto conoce al dedillo al Medio Oriente, pues fue jefe del “Joint Special Operations Command” durante la guerra de Irak y también fue comandante de las fuerzas de la OTAN en Afganistán.

McChrystal es un gran líder que tras retirarse en 2010, se convirtió en autor, conferencista y consultor.

Por supuesto, tiene todita la razón.

El poder y el éxito crean un aura de invencibilidad, una arrogancia, que genera seducciones atractivas, pero falsas.

Por eso es más que común que muchos “grandes” jefes en la política y los negocios caigan en alguna de estas 3 trampas:

1. Sentirse infalibles y “tocados de la mano de Dios”.

2. Creer que el éxito pasado garantiza el éxito futuro.

3. Desechar cualquier sugerencia o, peor, evidencia de que sus ideas estarían equivocadas.

Y no me refiero a Trump, por cierto. Porque el Sr. Naranja es un caso clínico que va mucho más allá: actúa muchas veces como un idiota funcional.

Te propongo que el IQ funcional de cualquier líder lo determina cómo enfrenta las tareas/proyectos en los que no es experto.

Un buen líder las enfrenta rodeándose de expertos que refuercen sus áreas débiles. Expertos a los que escucha para así decidir bien.

Un idiota funcional opera distinto. Como se siente especial, aleja a los expertos porque “él/ella saben más que nadie”.

Por supuesto, la calidad de sus decisiones sufre. Y tarde o temprano la organización (o un país entero) paga los platos rotos.

Pero regresemos a las seducciones del éxito.

¿Cómo puede evitar caer un líder en estas trampas? Contestando preguntas como éstas:

* ¿Qué tan heterogéneo es tu equipo de trabajo?

* ¿Cómo y qué tanto se debate?

* ¿Ganan las mejores ideas o las del jefe?

* ¿Se revisa si la idea/proyecto fue implementada en algún otro lado y qué resultados tuvo?

En corto, bombardeando las seducciones que acompañan al poder. Asegurándose así que se decida sobre cimientos sólidos.

Porque las seducciones son espejismos muy peligrosos. Espejismos que llevan a malas decisiones que luego llevan a perder batallas.

Regreso a McChrystal:

“Me decepciona el ambiente que se respira actualmente en el ejército desde la cúpula. Tuve el honor y la oportunidad de servir con algunas de las fuerzas de élite, personas que realmente hicieron cosas extraordinarias, pero que no alardeaban de ello.

Y existe otra realidad: el número de personas que realmente necesitan tener mucha fuerza física y poder abrir puertas a patadas es minúsculo, porque la mayor parte de la fuerza se dedica a inteligencia, comunicaciones, logística; todos los elementos que permiten desplegar con gran precisión a ese reducido número de operadores”.

Exacto.

Un buen líder entiende los factores reales para triunfar y luego crea equipos y condiciones para poder ganar la guerra.

De otra forma, la seducción te puede llevar al panteón.

Posdata. Anulación a modo, comités antinarcos, reelección en el TRIFE. No nos confundamos, no compremos las mentiras: continúa la inexorable marcha a “Morena forever”. Ese es el objetivo: no irse ni aunque pierdan.

En pocas palabras…

“Grandes cerebros son más poderosos que grandes bíceps”.

Stanley McChrystal

 @jorgemelendez

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