NO DURÓ mucho la aventura de Rubén Rocha. Apenas 36 horas y dio marcha atrás en su intención de retomar la gubernatura de Sinaloa.
LA DESCONOCIDA que le dieron la presidenta Claudia Sheinbaum, la dirigencia nacional de Morena, los gobernadores de la 4T y los legisladores guindas logró su objetivo: que solicitara licencia nuevamente.
NADA gustó en su partido que regresara al gobierno de Sinaloa sin avisarle a nadie y cuentan que estaba tomada la decisión de llevarlo a juicio político para quitarlo del cargo.
LO QUE no querían en la 4T era ir a una desaparición de poderes, como exigía la oposición desde hace tres meses, porque eso implicaría barrer con toda la estructura morenista en la entidad y hubiera dado la razón a sus rivales políticos.
EN EL SENO del gobierno federal, el ánimo de los funcionarios cercanos a Sheinbaum era de gozo, tras la nueva licencia, porque consideraron que la Presidenta, por fin, se había decidido a encarar a todos los políticos morenistas que la habían desafiado, léase Adán Augusto López, Gerardo Fernández Noroña, Marina del Pilar Ávila y el mismísimo Rocha.
LO CIERTO es que el regreso de Rocha tenía el potencial de convertirse en algo desastroso para la relación entre México y EU y generar la peor crisis política en el sexenio de Sheinbaum justo antes de su segundo informe de gobierno.
AHORA la duda es si habrá acciones adicionales contra Rocha fundamentadas en las indagatorias de la FGR. Porque, si después de todo esto las cosas quedan en el mismo lugar, pareciera que la lección no quedó aprendida.
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POR CIERTO, no es casual que justo en medio de la telenovela “El extraño retorno de Rubén Rocha” el vicecoordinador morenista Alfonso Ramírez Cuéllar busque revivir la iniciativa para desaparecer el fuero a gobernadores y legisladores.
EL DIAGNÓSTICO de uno de los legisladores más cercanos a Claudia Sheinbaum es que el costo político de proteger a políticos y gobernantes es ya demasiado alto, pues ha construido extensos sistemas de impunidad.
QUEDA por saberse si esa iniciativa de Ramírez Cuéllar fue al estilo Andy o Rocha, de no avisarle a nadie, o si ya trae la bendición de Palacio Nacional.
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DEMENCIAL resulta la bronca en la que está metida la administración de la morenista Clara Brugada con los ambulantes que a diario hacen bloqueos para exigir que los dejen vender en la Alameda.
LO QUE DICEN los puesteros es que ellos son 400 y el gobierno sólo les ofrece 150 lugares.
¿Y SI en lugar de que las autoridades anden “negociando”, mejor aplican las leyes y reglamentos? ¿O les da miedo perder esa clientela político-electoral?