Fuentes de la Casa Blanca le reportaron a Político (el medio estadounidense) que la conversación telefónica del miércoles entre Claudia Sheinbaum y Donald Trump había estado “so-so”. O sea, “más o menos”, “blah”, ni buena ni mala. Que hubo tópicos introducidos en la conversación fuera de lo que es el Tratado comercial.
Antes, Trump había dicho que quiere que México “haga más” respecto a los políticos que ayudan a los cárteles. Sheinbaum respondió, en pocas palabras, que “no necesitamos que se nos juzgue desde fuera”. Coincide esta divergencia formal con los encendidos “gritos” previos del martes pasado de que “México no se dobla” y etcétera, etcétera.
Sumemos a todo esto que The Economist ha afirmado que, al enfrentarse a Trump, la Presidenta podría estar perdiendo una valiosa oportunidad: no la criticaron, más bien el tono fue: “¡Pobre Sheinbaum, nadie quisiera estar en sus zapatos!”.
Siempre hemos pensado que la Presidenta comete un grave error al colocar los intereses gremiales de Morena, que parece caricatura de sí mismo -con sus destapes a partir de encuestas inexistentes y demás mañas que empleaba el priismo en sus peores tiempos-, por encima de los intereses supremos de México.
No tendría que recurrir a tanta gaita patriotera si simplemente aplicara la ley y dejara que caiga quien la haya violado, sea quien sea. Que entregue, ¡pero ya!, a los 10 de Sinaloa, al tamaulipeco, al sonorense, a Marina Apilarada y a cualquier otro morenarco que requiera la justicia de EU para que responda por su complicidad: si es inocente, ¿a qué le teme?
Suena ridículo hablar de “defender la soberanía” cuando estamos sometidos y corrompidos por los cárteles. No sólo desentona eso de que “México no se dobla ni se somete” porque doblado y sometido está ante el CJNG, el CDS y sus filiales, sino además porque este tipo de lenguaje es en el fondo un lenguaje machín.
Se equivocan la señora y sus asesores si piensan que con estos desplantes demuestran fuerza: al contrario, lo que exhiben es debilidad y desesperación. Todo el mundo y su abuelita entienden que este rollo machín es para consumo interno; por ello se intuye que concibe -de facto- un rollo encubridor, uno que pretende esconder la verdad opuesta o, cuando menos, envolverla en humo para con ello disimularla.
Jugarle al bravucón a Trump pudiera ganar una que otra escaramuza, pero al final se pierde la guerra. ¿Qué guerra? ¡La comercial, el Tratado, el futuro económico de un México que se desliza a tumbos por el desfiladero de la ruina económica! Para cuando entregue la banda la señora Sheinbaum, el Gobierno mexicano ya no tendrá con qué pagar las pensiones: ¡midan ustedes la dimensión de este fracaso!
Cada paquete fiscal que elaboran los genios cuatroteros es uno en el que disminuye el gasto no comprometido: se les va lo servido por lo comido. No hay margen, no les quedará para inversiones productivas, para infraestructura, para mejorar la educación, la salud: ¡lo que recauden se lo echarán en pitos y flautas cuatroteros: Dos Bocas, Pemex, el trenecito Maya, el de CDMX a Nuevo Laredo y otros pozos sin fondo que acarrean con la tenacidad de un loquito dándose golpes frontales contra la pared!
¡Por eso -y mucho más- es que la señora no puede darse el lujo de pelearse con Trump, retarlo o burlarse de él como hiciera hace tiempo jugueteando con el cambio de nombre en su país, imitándolo, pero al revés! Por supuesto que nadie lo quiere, es más, ni pensarlo: pero no puede correr el riesgo -como Presidenta responsable del bienestar de los mexicanos- de echarse un volado a que Trump sea capaz o no de una operación Venezuela en México.
El señor Trump sabe que políticamente está acorralado y que muy probablemente perderá la Cámara de Representantes en las elecciones de noviembre: eso no lo torna débil; ¡lo torna peligroso, como un tigre herido! ¡Aguas con eso, pues, y respetito en nombre de los mexicanos, quienes siempre acabamos pagando las pifias de nuestros gobernantes!
ÁTICO
Las diferencias con Trump podrán alimentar la retórica nacionalista, pero no ayudan a la defensa de los intereses del país.