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En México, niñas, niños y adolescentes en condiciones de orfandad -de acuerdo a datos de UNICEF-, rondan los 1.7 millones, pues incluyen a todos aquellos que han perdido a algunos de los miembros de su familia directa por consecuencia del abandono o del crimen organizado; esta cifra engloba tanto a “huérfanos únicos” (que han perdido a uno de sus progenitores) como a “huérfanos dobles” (que han perdido a ambos). Pero si nos remitimos solo a aquellos que se encuentran “institucionalizados”, es decir, que viven en Casa Hogar u orfanatos, la cifra se reduce a 60,000 y que permanecerán allí hasta los 18 años. Después de los 10 años, su probabilidad de adopción prácticamente tiende a cero pues las familias con “certificados de idoneidad” quieren adoptar solo a niños menores de 5 años. 

La Ley General de Niñas, Niños y Adolescentes en México, busca regresar al seno familiar a los menores que sufren violencia o que se encuentran en abandono y en riesgo por el crimen organizado y el narcotráfico, buscando evitar que sean “institucionalizados” y pasen a la custodia del DIF o de las Procuradurías de Niñas, Niños y Adolescentes. Esto lleva a la realidad, de que cuando los menores entran al sistema de “acogimiento institucional”, están condenados a quedarse allí hasta los 18 años y salir al mundo real. Como País, no tenemos un esquema efectivo de formarles para la “vida independiente”, dado que la ley impide que tengan contacto o redes con el exterior y ellos salen al mundo sin tener las herramientas necesarias para poder enfrentarse a la dura realidad de donde el Estado mexicano les sacó. 

En otros países se han implementado leyes que obligan al estado a compensar con apoyos económicos, pues les “institucionalizó” y no les pudo dar una familia. Mi opinión como papá adoptivo y con tres décadas de cercanía con menores “institucionalizados”, es que no es solo a “billetazos” como esto se resuelve, sino también, modificando la ley para que después de los 12 años y particularmente del tramo de los 15 a los 18, se implementen programas de “vida independiente” para que se facilite que los adolescentes tengan “redes de apoyo” como tutores, padrinos o “familias de acogida, pues ahora la Ley lo prohíbe, como si los adolescentes fueran bebés. Se necesita una Ley de Egreso Institucional o de Programas de Acompañamiento para el Egreso”. Sería  que al menos 3 años los menores reciban apoyo económico y el acompañamiento de un referente sustituto al salir de las casas hogar y facilitar su transición hacia la vida autónoma, ayudándoles con vivienda, empleo y educación. 

Como al cumplir los 18 años, los jóvenes legalmente dejan de ser considerados menores, lo que suele interrumpir su protección institucional de forma abrupta. Se debería obligar a los tres niveles de gobierno a dar un seguimiento continuo y apoyos económicos a quienes egresan de las casas hogar para que no queden en vulnerabilidad laboral o educativa. Tenemos que trabajar como sociedad en las iniciativas en el Congreso Local y en el Federal y evitar el “desamparo de los 18 años” con una “Transición Digna” para jóvenes que egresan de casas hogar. La estadística es cruel: los jóvenes al egresan sufren vulnerabilidad económica, precariedad laboral, embarazos prematuros y carencia de vivienda digna y educación. Tenemos que crear bolsas de trabajo juveniles, becas universitarias preferenciales y convenios de vivienda compartida para egresados de asistencia social.

Se trata de que las casas hogar (públicas y privadas) tengan la obligación legal de capacitar a los adolescentes en habilidades blandas, administración del dinero y un oficio técnico desde los 15 años, creando un plan de vida antes de que cumplan la mayoría de edad y, sobre todo, el impulso del Acogimiento Familiar como paso previo al egreso. En la Asociación civil Familias de Corazón Guanajuato, seguiremos insistiendo ante el Congreso de Guanajuato y el Congreso de la Unión, no solo para que se dé un dinero a los egresados, sino también para que se faciliten procesos de adopción y la formación de redes de apoyo en la adolescencia. Este año iniciamos un programa piloto con la Fundación Comuntia para aquellos jóvenes que egresaron de Casa Hogar sin ser adoptados y que tienen restricciones para poder hacer realidad su proyecto de vida.

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