En julio de 2025, la escritora Alma Delia Murillo publicó el libro “Raíz que no desaparece”, que, según las palabras de la propia autora en diferentes foros, es una mezcla entre ficción y testimonios reales, escrita con amor y respeto sobre una de las crisis humanitarias más graves de nuestro tiempo: la desaparición de personas en México. Para escribir el libro, acompañó a una veintena de familias durante sus búsquedas de campo. El libro ganó recientemente el premio Bellas Artes de Narrativa Colima 2026, el jurado destacó que la obra devuelve nombres, cuerpos, sueños y memoria frente a una tragedia expresada en cifras y expedientes.
Quisiera en este espacio analizar qué plantea la novela sobre el riesgo que enfrentan las personas buscadoras, sus acompañantes, e incluso agentes estatales que realizan investigaciones sobre desaparición y sitios de inhumación clandestina.
Quizá el incidente de riesgo más notorio en la novela es el asesinato de Julián Gómez, un funcionario de la fiscalía que participa en la investigación de las desapariciones de los hijos de Ada y Bertha, las protagonistas de la historia. Julián proporciona información a la narradora, que en la ficción puede ser la misma Alma Delia. La causa oficial de la muerte de Julián es asalto a mano armada, aunque Mónica, su viuda, sabe que no fue un robo sino un intento de silenciarlo (p.73).
Bertha es una buscadora que tuvo que salir de su lugar residencia por amenazas de la delincuencia organizada, en lo que internacionalmente configura como desplazamiento forzado interno (DFI). Una categoría que este autor ha utilizado para señalar que las amenazas y el riesgo que enfrentan las familias de personas desaparecidas es represalia por la búsqueda.
Ada manda lejos a su hija y a su nieto por considerar que el lugar es peligroso y sabe que a ella la vigilan por su activismo (p.11). Verónica, otra empleada de la fiscalía anuncia que se irá a Estados Unidos, y Mónica, la viuda de Julián, también quiere salir del pueblo. Estos incidentes describen claramente el contexto de riesgo que enfrentan quienes participan en la búsqueda, tanto en su modalidad independiente, como en la institucionalizada.
El libro resalta el riesgo que la narradora describe para sí misma: si bien enfrenta un riesgo constante que nunca se concreta en un ataque directo, hay incidentes que resultan de su investigación periodística y literaria. Tras el asesinato de Julián, borra su cuenta de signal (p. 65-90). Al publicar sus textos recibe amenazas de violación en redes y una intimidación en un semáforo y se refugia con una amiga, cambia de línea telefónica y modifica su apariencia. Tras mensajes que le ordenan callarse, pide asilo temporal en Canadá (p. 163).
Alma Delia concluye que la vía institucional de protección es una “burocrática puesta en escena” que termina induciendo la autocensura. Una dura pero realista conclusión.
El papel del miedo aprendido, el riesgo durante las búsquedas independientes, la desaparición burocrática y la ausencia de políticas efectivas de protección, también están narradas en Raíz que no desaparece. Por ello, gracias Alma Delia.