Se creen muy sagaces, muy picudos, muy listos los cuatroteros, por ello, en la “Reforma Electoral” han colocado trampas, como quien coloca minas en un sendero, solo que las argucias a las que acuden indican que, más que ser lo que creen ser, resultan otra cosa: ladinos y embusteros.
Si nosotros fuéramos dirigencia del PVEM o del PT, no firmaríamos el acuerdo de la “reforma” ni con una pistola apuntándonos a la cabeza. Ello porque claramente se los quieren fregar (junto con todo el resto de los partidos, aliados y oposición). Encubren los cuatroteros sus nefastas intenciones, que son -bajo el pretexto de reducir costos- quitarles asientos y financiamiento electorero a todos, menos a Morena.
Pretenden dominar el escenario político nacional, borrando del mapa a los demás para establecer -para todo fin práctico- un partido único que, además, se reserva para sí todas las herramientas electorales para ejercer y conservar el poder, de manera que ni con la voluntad del pueblo a favor se lo puedan quitar. ¿Cómo?
1.- Ya dominan al INE, encargado de administrar y certificar el proceso electoral.
2.- Dominan también las Cortes y tribunales, retacados de “jueces por acordeón”, afines y, en su corazoncito, cuatroteros.
3.- Desaparecieron la independencia de Poderes: el Legislativo es una “oficialía de partes” cuyo propósito es darles forma legal a los caprichos/órdenes del Ejecutivo.
4.- Con la reforma, además, pretenden distribuir el financiamiento (las balas) de acuerdo con la votación y no con el padrón, lo cual quiere decir que quien controla la maquinaria electoral -Morena, que con el dinero de los mexicanos reparte dádivas a nombre propio- será también quien reparta el financiamiento.
5.- La reforma procura acabar con los plurinominales o de representación proporcional, según listas del partido atadas a la votación obtenida, para dar paso a la obligación de hacer campaña e ir a elección, lo cual no sólo se contrapone con el propósito de “ahorrar”, sino que le da al poder dominante -Morena- la facultad de “elegir” a los “plurinominales”, que ya no lo serán, convertidos vía este mecanismo en candidatos aprobados por Morena, Y no por los partidos minoritarios; trampa que tenderá a desaparecer de los puestos públicos a miembros de los otros partidos.
Salta a la vista que, si la única forma que queda de llegar al poder es estar afiliado a Morena, desaparecerá del sistema político mexicano toda oposición. O sea, un nuevo apogeo del PRI, versión 2.0. Y no será “dictablanda” -como lo fue con el PRI, que se esmeraba en guardar las apariencias-, sino una dictadura impositiva y autoritaria, e igualmente descarada.
El que bajo ningún concepto les convenga al PT y al PVEM adherirse y firmar el acuerdo de esta reforma propuesta tristemente no quiere decir que no lo acabarán haciendo: cada uno de los partidos mencionados, hoy aliados requeridos, pero mañana no tanto, posee su talón de Aquiles.
El del PT son los Cendis -que controla la esposa del mandamás de ese partido, Beto Anaya, la profesora Lupita Rodríguez-, que dependen del financiamiento del Gobierno federal. Si el PT no quiere jugar con ellos a la dominación global, les estrangulan la lana a los Cendis y los acaban.
El PVEM y sus dueños igualmente no aguantarían ni un examen de orina, menos uno del SAT; o sea que le sobran al Supremo Politburó numerosas formas de obligarlos a aceptar el bocado. Por hoy, los cuatroteros pretenden hacerlo por la buena, para mantener la alianza por lo menos hasta el 2027.
Solo que las presiones no cesarán, quizá les acepten algunas concesiones menores que les permitan conservar algo de poder, pero, a menos que Anaya y Velasco, del PT y el PVEM, tengan cotiledones de acero -que no se les han visto antes-, acabarán firmando. Y ésta será la puntilla a la democracia mexicana.
Más triste es que el deceso de un proceso que inició en el 2000, y que nunca llegamos a perfeccionar, ocurra a manos de una mujer, la primera en llegar a la Presidencia de un México que la recibió con las puertas de la democracia abiertas de par en par. Muy triste que sea ella quien ahora las cierre, siguiendo -seguramente- la consigna de un hombre que, desde “La Chingada”, continúa maniobrando para que México acabe justo ahí.