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Cuántas veces, sentadas frente a una taza de café hemos contado nuestras vidas, sin adornarlas, minimizarlas o engrandecerlas. Las narramos tal cual fueron, sin miedo a la burla o al sarcasmo, a los comentarios que puedan venir horas después cuando nos separemos, porque poseemos la confianza mutua y eso no tiene precio.

Cómo describirlo: Es como si me mostraras el mundo que se te quedó atrapado en el corazón, transformando las remembranzas en palabras. ¿Y qué sucede mientras tanto conmigo? Para mí, es como si observara un campo de mariposas que volaran bajo, mostrando sus alas traslúcidas, libres y confiadas en su espacio personal.

Pero llegar a este punto requirió tiempo para el escrutinio y el descubrimiento, porque aún ignorábamos si nuestras palabras estaban a buen resguardo. Si no iban a usarse a mansalva cual saetas furiosas, hiriendo con la saña de los comentarios maliciosos, dañando y aniquilando la confianza irremediablemente.

Porque ambas, hemos experimentado la traición de unos labios de terciopelo y creímos ver verdad en unos ojos falsos. Porque es condición humana bajar la guardia muy de vez en cuando. Por eso, con el paso del tiempo, resulta cada vez más difícil cruzar la frontera y dejar al descubierto el corazón.

Hoy, horas después, viendo en retrospectiva, observo a la mariposa que emergió despacio, la que, con miedo razonado a base de decepciones, dubitativa extendió sus alas con prudencia para después arrojarse a los brazos del viento, como una hoja que volara sin rumbo rompiendo distancias y aniquilando expectativas.

También, pienso que llegar a conocerte, me convierte en un ser privilegiado, pues me has ayudado a integrarme a base de tu escucha atenta y preguntas cautas.

Porqué las coincidencias no existen, y estaba determinado por el mundo, por la vida, por el tiempo que coincidiéramos aquí.

Y porque ignoro qué pasará mañana, he aceptado vivir solo el hoy, disfrutando la vida que se me presta. Y así, llega la tarde.

Entrecierro mis ojos, y me imagino en ese campo dorado en el que las espigas se mueven rítmicas con el sol brillando en lo alto. Y en ese estado entre el sueño y la vigilia, disociada de la realidad, observo a dos mariposas amigas transitar filtrando la luz solar, sintiéndose tranquilas y confiadas en su vuelo.

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