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Historia 403

Esta es la historia 403 de 450 que te contaremos sobre León

El 4 de octubre de 1950 fue una fecha especial para los católicos leoneses: llegó a la ciudad la enorme cabeza de bronce del monumento a Cristo Rey que se construía en el Cerro del Cubilete.

La pieza recorrió las calles de León ante cientos de feligreses que se postraron de rodillas a su paso. Con 1,547 kilogramos de peso y 2.9 metros de altura, permaneció en la Catedral hasta el 9 de octubre antes de continuar su camino.

La historia de aquella visita quedó consignada en obras como León, Anáhuac y Tabor Mexicano, del maestro Jesús Ojeda Sánchez, y La Suspensión de Cultos en León (1926-1929), de Rodolfo Herrera Pérez, publicada en 2023.

El monumento actual a Cristo Rey fue impulsado por el obispo Emeterio Valverde y Téllez. La primera piedra se colocó el 11 de diciembre de 1944 y la escultura fue encomendada al artista regiomontano Fidias Elizondo.

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Valverde y Téllez no alcanzó a verla terminada. Murió el 26 de diciembre de 1948 y la obra fue continuada durante el episcopado de Manuel Martín del Campo Padilla.

La historia del monumento, sin embargo, había comenzado décadas atrás. En 1920 se construyó un primer monumento a Cristo Rey en el Cerro del Cubilete. Posteriormente fue trasladado al sitio donde actualmente se encuentra la Ermita Expiatoria y el 30 de enero de 1928 fue dinamitado, en medio del conflicto religioso que vivía el país.

Más de dos décadas después, la monumental figura de bronce que ocuparía la cima del Cubilete estaba por convertirse en realidad.

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La cabeza de Cristo Rey llega a León

Antes de ser colocada en la estatua, la cabeza de Cristo Rey fue llevada a diferentes ciudades. Una de ellas fue León, donde la Catedral la recibió del 4 al 9 de octubre de 1950.

Los leoneses dieron una emotiva bienvenida a la enorme pieza. Herrera Pérez relata que fue transportada sobre una troca y recorrió la ciudad hasta entrar a la Catedral Basílica.

A su paso, cientos de feligreses la recibieron entre vítores y campanas. Hubo confeti y lluvia de flores, mientras niños vestidos de blanco y numerosas mujeres que lloraban emocionadas formaban parte de aquella manifestación religiosa.

Desde el puente de El Ejido, a la entrada de la ciudad, comenzó una multitudinaria expresión de fe. Los creyentes trataban de acercarse y tocar la imagen mientras el vehículo avanzaba lentamente.

Atiborran el camino

Al llegar a la Calzada, los fieles se arrodillaron y agacharon la cabeza ante la imagen.

Por la calle Madero era casi imposible pasar. Al llegar al Templo Expiatorio, el padre Bernardo Chávez se arrodilló y los demás católicos hicieron lo mismo. Al levantarse, el sacerdote secó una lágrima con su mano.

De forma espontánea surgió el coro: “Corazón Santo, tú reinarás, México, tuyo siempre será”.

La manifestación dio una vuelta a la Plaza Principal y continuó por 5 de Mayo, Morelos —hoy bulevar Adolfo López Mateos— e Hidalgo hasta llegar a la puerta principal de la Catedral.

Las bandas femeninas de los institutos Mayllén y América tocaron sus tambores y clarines durante aquella recepción.

Emeterio Valverde y Téllez, uno de los grandes impulsores del monumento, había muerto casi dos años antes, por lo que no pudo presenciar aquella escena.

Durante los siguientes días, las parroquias del Sagrario, San Miguel, Coecillo, Barrio Arriba y Espíritu Santo acudieron por turnos a visitar la imagen.

Su despedida de León

El 9 de octubre, el llamado Cristo Misionero salió de la Catedral y emprendió un nuevo recorrido por la ciudad.

Pasó por Hidalgo, el Jardín de la Industria —actual Plaza de los Leones—, Josefa Ortiz de Domínguez y La Soledad.

Uno de los momentos que quedaron registrados ocurrió cuando la imagen pasó frente a la cárcel municipal, edificio que actualmente alberga el Museo de las Identidades Leonesas.

Los presos subieron a la azotea para observarla y lanzaron peticiones mientras la enorme cabeza pasaba frente al inmueble.

El padre Betancourt se dirigió a ellos: “Este es el mismo que se apiada y ama a buenos y malos, abre sus brazos amorosos para todos y les reserva a ellos un lugar en el Paraíso”.

La comitiva continuó por 5 de Febrero y Hernández Álvarez para después tomar el camino hacia Silao.

Dos meses más tarde, el 11 de diciembre de 1950, el obispo Manuel Martín del Campo Padilla bendijo la estatua de Cristo Rey en el Cerro del Cubilete.

Han pasado 76 años desde aquella visita, pero permanece el recuerdo de una escena singular en la historia religiosa de León: una enorme cabeza de bronce recorriendo sus calles mientras cientos de personas se arrodillaban a su paso.

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